Fuente de salud con 300 años de historia

Agua mineral fuente de salud con 300 años de historia

A lo largo de la historia, el agua ha fascinado a los seres humanos, siendo objeto de culto en diversas civilizaciones, en las que se rendía especial tributo a los manantiales. Los romanos, conocedores de sus beneficios para la salud, fueron los primeros en hacer uso de las aguas termales como método curativo y fomentando su uso balneoterápico. Los árabes, conscientes del valor fundamental que tenía el agua y de sus cualidades terapéuticas, establecieron baños públicos en las ciudades, convirtiendo a la cultura del agua en una fuente de salud. En el siglo XVII, las casas de baños se fueron transformando en balnearios, alcanzando gran auge en el XVIII.

De hecho, el agua mineral que ahora disfrutamos tiene su origen en la importante tradición balnearia que se desarrolló durante el siglo XIX y principios del XX, basada en los efectos terapéuticos de las aguas mineromedicinales, cuyas propiedades beneficiosas para la salud dependen de la estructura molecular del agua, de las sustancias minerales disueltas o suspendidas en ella y de la temperatura y presión con que emerge a la superficie. En este sentido, las cualidades físico-químicas de las aguas mineromedicinales de los balnearios españoles, alcanzan la plenitud de sus efectos terapéuticos “a pie de manantial”, donde el agua aflora con sus propiedades y características intactas.

Las aguas mineromedicinales empezaron a envasarse y a comercializarse en farmacias a raíz del deseo de los visitantes de balnearios y centros termales de seguir disfrutando de los beneficios de este tipo de agua en sus casas, facilitando en este sentido el acceso a este alimento. No fue hasta los años 50 cuando el agua mineral empezó a venderse en centros de alimentación, debido a la gran demanda de los consumidores, hasta alcanzar la popularidad de nuestros días.

Por tanto, el gran valor del agua mineral natural es que al ser envasada mantiene intactas las propiedades saludables que presenta en la Naturaleza, puesto que los manantiales subterráneos de los que procede están protegidos de toda contaminación. Al ser pura y sana desde su origen, no necesita ningún tratamiento de desinfección ni filtrado doméstico para su consumo. Así, cuando se bebe un agua mineral natural se está bebiendo un agua en su estado natural.

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